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Leonardo Boff, el cuidado es la fuerza más importante del universo

Todo lo que amamos lo cuidamos, y lo que cuidamos es porque lo amamos.

Leonardo Boff nació en Brasil en 1938. Es teólogo, ex sacerdote franciscano, filósofo, escritor y ecologista. Durante muchos años fue profesor de Teología Sistemática y Ecuménica en el Instituto Teológico Franciscano de Petrópolis y de Teología y Espiritualidad en varios centros de estudio y universidades de Brasil y otros países.

Entre 1975 y 1985 participó del consejo de la Editorial Vozes de Brasil, periodo en que formó parte de la coordinación de la colección Teología y Liberación y de la edición de las obras completas de Carl Gustav Jung, lo que lo convirtió, en sus propias palabras, «en uno de sus principales interlocutores intelectuales».

A Boff se le considera uno los fundadores de la Teología de la Liberación junto con el filósofo y teólogo peruano Gustavo Gutiérrez Merino. En 1984, debido a su teología centrada en los pobres y en la liberación de los verdaderamente oprimidos por el sistema capitalista expuestas en su libro Iglesia: Carisma y Poder, fue sometido a un proceso por parte de la Congregación para la Doctrina de la Fe y en 1985 fue condenado a un año de silencio y destituido de todas sus funciones editoriales y académicas en el campo religioso.

Finalmente, en 1992, después de fuertes críticas y vetos, abandonó la orden franciscana a la que pertenecía, dejando el ministerio para seguir luchando libremente por sus ideas.

Su participación en la Comisión de la Carta de la Tierra en 1997 y la clara influencia que su teología ha tenido en la encíclica Laudato si‘, mi’ Signore (2015) del Papa Francisco, nos muestran el papel más activo de Boff en los últimos años, tarea que ha ligado con sus inicios en la Teología de la Liberación.

Para él es necesario recuperar una «espiritualidad desde los pequeños», donde la desigualdad entre ricos y pobres se instaura como una de las mayores crisis a la que nos vemos enfrentados actualmente, y donde la explotación a la que hemos sometido al planeta tierra y los recursos que nos brinda, requieren de toda nuestra atención y acción, pues son temas que tienen todo que ver con el Evangelio y la comunidad a la que este hace referencia, ya que poco o nada le importan al capitalismo rampante que sigue arrinconando a los pobres como los grandes excluidos.

Ecologizar los saberes, es decir, que todas las teorías y disciplinas aporten algo al cuidado de la tierra es uno de los mensajes más importantes del trabajo de Boff, pues es evidente que el planeta está siendo violentado por la especie humana, y el grito de la tierra, como el grito de los pobres, nos recuerda que un planeta finito y una existencia limitada como la nuestra, no soportan un proyecto infinito como el del capitalismo.

La ética de lo humano, según Boff, hunde sus raíces en el cuidado del que todos somos hijos, pues como buen Franciscano resalta la tradición de San Francisco de cuidar de todas las cosas, «llamándolas con el dulce nombre de hermanos y hermanas» como gesto de profundo afecto, amistad y fraternidad con los objetos y la naturaleza.

En diciembre del 2018, el día de su cumpleaños, Boff, lleno de generosidad como siempre, nos regaló su carta La mente vuelta hacia la eternidad: 80 años de vida, donde habla de sus pasiones y cómo estas se han visto reflejadas en sus casi 100 libros publicados en los que, con tan solo 27 letras, busca «pensar, en sintonía, las preocupaciones mayores de los seres humanos, a la luz de Dios; suscitar en ellos la confianza en las potencialidades escondidas dentro de ellos mismos, para encontrar soluciones. Intentar llegar al corazón de las personas, para que tengan compasión por el sufrimiento injusto del mundo y de la naturaleza, para que nunca desistan de mejorar siempre la realidad, comenzando por mejorarse a sí mismos. Para que, independientemente de su condición moral, se sientan siempre en la palma de la mano de Dios-Padre-Madre de infinita bondad y misericordia».

Ante la pregunta ¿han valido la pena tantos sacrificios para escribir?, al final de esta carta, responde con el poeta Fernando Pessoa: «“Todo vale la pena si el alma no es pequeña”. Me esforcé para que no fuese pequeña. Dejo a Dios la última palabra. Ahora en el atardecer de la vida, reviso los días pasados, y tengo la mente vuelta hacia la eternidad».

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